domingo, 15 de junio de 2008

¿Buenas plataformas o buenos servicios?

Los que tenemos dentro de nuestros quehaceres diarios tareas más asociadas con la tecnología, nos preocupamos siempre por intentar tener para nosotros mismos (y poder proporcionar a los demás) las mejores herramientas y plataformas que permitan construir servicios mejores y de mayor calidad. No obstante, nuestro trabajo termina siendo frustrante en muchas ocasiones porque los servicios finales que se realizan utilizando estas herramientas son muy pobres y parece que el esfuerzo en elaborarlas ha sido en vano. Con el tiempo, se terminan utilizando de mejor modo pero, para cuando esto ocurre, la tecnología ha dado un giro y las nuevas plataformas y herramientas son mejores quedando las que ahora estábamos utilizando obsoletas.

Cuando cambiamos de interlocutores y preguntamos a los “desarrolladores del negocio” su opinión sobre las herramientas con las que cuentan, muchos de ellos responden que éstas son muy pobres. Con unas herramientas mejores serían capaces de proporcionar al cliente/usuario servicios más potentes y de mayor calidad. La visión cambia, condicionando la calidad de los servicios ofrecidos a las herramientas con las que se cuenta.

Nadie está conforme y tiende a culpar a la otra "sección" del mal resultado de su trabajo. Los técnicos no ven lucido el suyo por la pobre y/o mala utilización de las plataformas que han desarrollado y los "de negocio" aducen una mala plataforma a la mala y pobre calidad de los servicios que pueden ofrecer. Cierto es que con una navaja, un buen artesano es capaz de construir cualquier utensilio. Pero, por otra parte, teniendo las herramientas adecuadas no es necesario ser un artesano de 10 para conseguirlo y los de 5 también son capaces de obtener algo más o menos aceptable.

¿Cuál de los dos mundos tiene más razón? Yo creo que ninguno de ellos tiene la verdad absoluta. Son verdades complementarias.

Los técnicos muchas veces no hablamos lo suficiente con los que deben desarrollar el negocio y a la inversa. No es que hablemos en lenguajes diferentes, sino que nos obcecamos en seguir viéndonos desde la distancia cuando lo natural sería estar codo con codo trabajando. Los primeros para proporcionar las herramientas que sirvan a los segundos a conseguir sus propósitos.

¿Hasta cuándo seguiremos trabajando de este modo apartheid que, aun no siendo estéril, no dista tanto de serlo en muchas ocasiones? ¿Es que nadie derribará nunca esa barrera artificial que separa los dos mundos?